Un mar de nada



Vaya que es difícil arreglárselas para no pensar, casi tanto como ensayar pasos de baile en un piso alfombrado. Y curiosamente logro ambas cosas cuando debo estudiar. Malditas paradojas.
Deberé seguir estudiando con el ritmo de un swing en la nada. Me pregunto cual es el afán de hacer lo que uno NO quiere en momentos que podría hacer tantas cosas... todo sea por Brasil, Alemania y el Doctorado...

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