30.3.12

Naturkunde




Últimamente el movimiento ambientalista de carácter ciudadano ha aumentado en nuestro país, especialmente en torno al tema energético. Esto ha causado diversas reacciones, contingencias y soluciones por parte tanto de la población como de los organismos públicos. Estas soluciones han sido totalmente puntuales a lo que la gente reclama, saltando incluso el mecanismo normal de las instituciones. ¿Por qué? El gran problema de la política ambiental, al igual que el sistema judicial, esta en el criterio de quienes deben aplicar las leyes. El SEA implica que cualquier proyecto que deba pasar por su institución (tanto DIA como EIA, dependiendo del impacto ambiental) debe ser revisado por una serie de instituciones ligadas al SEA, debiendo estas calificar mediante resolución si el proyecto cumple las condiciones necesarias ambientales. El problema que se suscita es que estas condiciones depende en gran medida del criterio de los evaluadores. El que no haya un criterio común en el sistema y que en cada región se apliquen criterios distintos lleva a los absurdos que dos proyectos idénticos pero evaluados en diferentes regiones dé resultados distintos en la resolución, dándose a uno el visto bueno y siendo el otro rechazado. Sumado a eso hay que agregar la falta de preparación de los evaluadores, lo que repercute tanto en lo riguroso de la evaluación como en el criterio a aplicar.
Otro error en el sistema de evaluación es la falta de información hacia la comunidad. En todo proyecto hay un tiempo en que la comunidad puede declarar sus puntos de vista e inconformidades, pero el gran problema es que muchas veces la comunidad no es informada del proyecto hasta el día que comienza la instalación del mismo (generalmente cuando ya ha sido aprobado en el SEA). Allí comienzan los conflictos y finalmente desemboca en protestas, boicot, etc... llevando a un punto muerto (la autoridad ya aprobó el proyecto, por lo tanto es legal, la comunidad es afectada y no se echa atrás) llevando a respuestas del tipo que el presidente haga un telefonazo (saltándose toda la institucionalidad) o que el proyecto se aplique prácticamente con guarnición policial.

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No me sorprende la crisis de agua en las comunas del “centro” de Chile, puesto que en ellas confluyen 2 grandes factores: desertificación progresiva producto del calentamiento global y centralización de la población. Los planes de lucha contra el primer factor son prácticamente marginales, y el desierto avanza y avanzara inexorablemente rumbo al sur, siendo probable que en no muchos años más hasta la VI región tengamos grandes dunas y escasez de agua como ocurre en la IV. Por otro lado, tenemos prácticamente la mitad de la población de Chile ocupando una delgada franja entre la V región y la Metropolitana, que de paso son las regiones con menos recursos para mantener esa cantidad de gente e industrias productivas. No en vano el agua de esas regiones es de tan mala calidad y tan cara.

Las políticas de estado (las cuales nuestro país prácticamente no ha tenido desde el siglo pasado) deberían apuntar a una drástica descentralización, promoviendo la migración de la población a regiones con mayor cantidad de recursos que permita mantener una población sin grandes costos ambientales y sin destruir la agricultura (efecto colateral de mantener una gran población). La imagen de Santiago me recuerda la del Trantor imperial en la trilogía Fundación de Isaac Asimov: un planeta sobrepoblado sin recursos propios, que depende de la frágil cadena de recursos que proviene de lejanos planetas. O lo que le ocurría a la Roma imperial, que dependía de los barcos de trigo desde Egipto y gigantescos acueductos que llevaban agua por kilómetros. No se puede mantener una gran número de población sin recursos propios y las regiones centrales no cuentan prácticamente con recursos hídricos para mantener su población y a la vez producir alimentos; no cuenta tampoco con energía propia, debiendo ser extraída desde lejanas regiones, con las externaliades propias a esas otras regiones. La única solución posible es descentralizar el país en forma urgente, como una gran política de estado.
Y de paso... odio Santiago, es el peor lugar para vivir.

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